ZAPATISTAS: OTRA MANERA DE HACER POLÍTICA

Evitando caer en la mitificación de nadie, y conscientes de que nadie tiene una fórmula milagrosa, es indudable que el movimiento zapatista supone una gran renovación y revitalización de una izquierda globalmente anquilosado y mortecina.

En primer lugar, pone en cuestión un principio básico, como es que el objetivo de una fuerza política progresista tiene que ser la conquista del poder. Es evidente que ningún grupo político ni ninguna ideología van a conseguir la sociedad perfecta. Siempre será necesaria una postura crítica que empuje hacia una organización social mejor. Salvo momentos puntuales y para conseguir avances concretos, el lugar más natural de la izquierda es, pues, la oposición. Los zapatistas se sitúan en la oposición. No tratan de conseguir el poder, sino conseguir que el poder actúe según los dictados de la sociedad.

«La sociedad no cambia mientras no cambie de dioses», escribió Machado. Es decir, que mientras la sociedad no experimente un cambio cultural, un cambio en su jerarquía de valores y en su mentalidad, no podemos aspirar a un cambio real y profundo. Es necesario lo que Díaz Salazar llama una tarea «prepolítica». Los zapatistas tienen esto muy en cuenta y hablan de «la revolución que haga posible la revolución». Promueven la toma de conciencia y la movilización de la sociedad civil como pasos previos para un cambio social.

Pero también pecaría de unilateral una lucha que se quedara en el terreno de las ideas y de las teorías y dejara para tiempos mejores los imprescindibles cambios. Los zapatistas plantean reivindicaciones concretas a favor del sector más excluido de la sociedad en la que viven: los pueblos indígenas.

En esta reivindicación se incluye la apuesta por un modelo distinto de desarrollo. No se trata del puro y simple integrar a los indígenas en la sociedad de consumo, sino tener en cuenta su propia cultura y sus formas de vida.

Esta concreta lucha de los zapatistas no se queda en el terreno local, sino que se integra en una crítica radical a la globalización neoliberal. Es verdad que no presentan una alternativa definida frente a la globalización y el sistema capitalista, pero tratan de desarrollar una mentalidad crítica y un estado de opinión opuesto a esa globalización. Así abonan el terreno para que la alternativa pueda surgir y sea generalmente admitida.

Los zapatistas han logrado evitar el dogmatismo tan común en las izquierdas tradicionales. Han sido capaces de escuchar a la gente que tenían a su alrededor, cuestionar sus anteriores posturas y modificar sus planteamientos para incorporar las aportaciones de una cultura muy distinta.

Esto les ha llevado a abandonar una antropología de tipo marxista, centrada en el homo faber unidimensional, como es unidimensional y reductora la antropología capitalistas, para dar entrada a otras facetas de lo humano, como la imaginación, la poesía, el mito…

Su lenguaje es profundamente renovador, como lo es su práctica política. Han logrado evitar los clichés típicos de izquierda y no repetir un discurso que ya está muy gastado y no llega a la gente, más bien suena a viejo y fracasado.

Quizá no sea posible que la imaginación llegue al poder, como pedían en mayo del 68. Pero desde luego era urgente e imprescindible que la imaginación llegara a la oposición. Con los zapatistas la imaginación ha jugado un papel protagonista.

Esta imaginación les ha permitido suplir la carencia de medios para difundir su mensaje. No poseen medios de comunicación propios, pero han conseguido estar en todos los medios. Desde el fondo de la selva Lacandona, en un medio de vida muy primitivo, han sido capaces de utilizar hábilmente los más modernos sistemas de comunicación. Su mensaje ha superado los intentos de estrangularlo, porque era un mensaje vivo, auténtico, renovador.

Los zapatistas representan una manera de abordar el problema de la identidad y los derechos específicos de unos pueblos radicalmente distinta a los nacionalismos excluyentes que se desarrollan en otras partes. Es una manera integradora, constructiva y mucho más de acuerdo con los valores básicos de la izquierda.

El zapatismo supone, en suma, un aire nuevo, una nueva forma de abordar la lucha política, que es válida no sólo para México.

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