LA VERDAD SOBRE EL PLAN COLOMBIA

Mónica Iglesias y Javier Orozco (Ver Reseña al final del artículo)

Los males de América Latina, y en particular de los países del área andino-amazónica, están estrechamente vinculados a los intereses de los Estados Unidos de América y las multinacionales.

El extenso territorio que suman Colombia, Ecuador, Venezuela, Brasil, Perú y Bolivia es considerado para los gobernantes de la potencia norteamericana como «territorios del dólar», es decir, un área geográfica donde no son posibles los mercados propios ni la soberana autodeterminación de sus pueblos.

La estrategia neocolonial se despliega poniendo a las naciones del Tercer Mundo a depender económica y tecnológicamente, y para ello controlan los gobiernos, imponen el modelo de «desarrollo» neoliberal y generan unas economías dolarizadas como cuota de entrada al Alca, tratado de libre comercio de las Américas, donde los socios pobres del Imperio seguirán siendo peones a su servicio.

Al control económico le aparejan la amenaza militar bajo el nombre de Plan Colombia, o de «Iniciativa Andina», que realmente es un plan de guerra contra los fuertes movimientos sociales.

Tras el velo de la defensa de la democracia, la libertad de mercado y la lucha contra el narcotráfico, se esconden las urgencias del capital transnacional, que no duda en decretar guerras, sumando ahora a la pobreza y despojo de estos pueblos que habitan países de gran riqueza natural, el dolor de un conflicto que por ahora, y solo a Colombia, deja cerca de cuatro mil asesinatos políticos cada año, más de dos y medio millones de desplazados internos, miles de desaparecidos, encarcelados, torturados y exiliados.

La hegemonía norteamericana pone a los pueblos del cono sur frente a una verdadera crisis de destino, en una encrucijada donde un camino lleva a la continuación del sometimiento, y otro a la resistencia continental de los más pobres, para defender la esperanza de justicia social y la democracia.

Los grandes medios de comunicación esconden las causas materiales que originan la violencia y crean una realidad virtual donde el gran agresor norteamericano aparece como el buen gendarme que pone orden en su vecindario, mientras sigue haciendo el gran negocio: captar miles de millones de dólares, generados por el trabajo nacional, como pago de la enorme deuda externa, inundar de armas compradas a la industria militar yanqui a los países andino-amazónicos y controlar totalmente sus economías, devorando las selvas del Amazonas y exterminando a los pueblos indígenas que llevan más de 500 años resistiendo.

A pesar de este oscuro panorama, hay esperanza: para miles de mujeres y hombres colombianos poder vivir en paz, además de un sueño, es la razón de su lucha diaria. Quienes hemos sido partícipes de estos procesos de organización y resistencia, somos testigos de la dignidad, de la fuerza de este pueblo, estamos comprometidos con su verdad, convencidos de que prevalecerá por encima de la barbarie y la impunidad, sabemos que no podrán callar todas las voces, han asesinado a muchos compañeros y compañeras, otros nos hemos visto obligados a salir del país para preservar la vida, pero no nos han derrotado, seguimos amplificando la voz de este pueblo, apelando a la sensibilidad de quienes nos escuchan para parar esta guerra.

Queremos que todos y todas sepan que es posible poner fin al genocidio social en Colombia, contribuyendo a correr el velo con el que pretenden seguir ocultándolo, mediante una activa denuncia y oposición al Plan Colombia y exigiendo una verdadera negociación social y política para lograr la paz con justicia social.

Reseña

Mónica Iglesias es de Gijón. Permaneció en Bogotá desde 1992 hasta diciembre de 2000. Ligada a Comunidades Cristianas Populares, colaboró en programas educacionales con la Asociación de Campesinos sin Tierra. Integrante del Sindicato del INCORA (Instituto Colombiano para la Reforma Agraria).

Javier Orozco es de Santander (Colombia). Presidente del Sindicato del INCORA hasta su venida a España, junto con Mónica. También es miembro del Comando Nacional Unitario y del Consejo Nacional Campesino.

Ambos tuvieron que abandonar Colombia por estar sus vidas seriamente amenazadas.

 

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