VIVIR SIN TELEVISIÓN

Goio Ubierna

Cuando nació nuestro tercer hijo a mí me despidieron de la empresa multinacional en que trabajaba. Hice acceso a la Universidad para mayores de 25 años e inicié la carrera de Periodismo a los 36 años, compaginándola con mi nuevo trabajo. Mientras profundizaba en las técnicas y los medios para la comunicación me fui percatando del gran alcance e influencia que ejercía, por ejemplo, la televisión y de los graves riesgos y problemas que planteaba. El primero y principal se centra en que convierte a los adictos a ella en espectadores del mundo y de la realidad en lugar de ser actores; acapara la mayor parte del tiempo libre de muchas personas, con lo cual les da la visión del mundo que al emisor le interesa, e incluso condiciona tu opinión y tu forma de pensar; no te deja tiempo para dialogar con la familia ni con los amigos, con lo cual se fomenta el individualismo y el aislamiento; se pierde el hábito de la lectura, porque es más cómodo ver; además, la televisión produce una captación casi hipnótica (imágenes en movimiento), porque invade tus principales sentidos: la vista y el oído (los que más usas), y produce un efecto envolvente de tu persona; las afecciones que produce en muchos niños llegan a ser graves, porque se vuelven solitarios y sedentarios, al pasar algunos delante de la televisión entre cuatro y seis horas diarias, abandonando incluso sus estudios. Todo esto sin entrar ni siquiera en los contenidos. Ése sería otro análisis.

Hace 18 años se nos averió la televisión en blanco y negro que teníamos y conseguimos convencer a los niños para comprar un buen equipo de música en lugar de la tele. La reivindicación de la Caja Tonta fue bastante fuerte en algún momento y la tentación grande, pero conseguimos resistir. Las ventajas conseguidas han sido muchas. Mis hijos han visitado con frecuencia a una hermana mía que no tiene hijos y vive bastante cerca de nuestra casa. De esa manera han compartido momentos muy felices con ella y han contrastado problemas distintos.

Toda la familia hemos hecho muchas salidas a la naturaleza: monte, playa, camping, incluso cogimos la costumbre de ir a cenar a la luz de la luna, cuando estaba llena, porque no teníamos la esclavitud de la tele. En mi casa se lee bastante, a pesar de la escasez de tiempo; alguna veces jugamos a cartas en familia. Los hijos han llevado bastante bien los estudios porque la tele no les robaba el tiempo en casa. Mi hija, que está enamorada, tiene el propósito de no tener tele cuando cree una nueva familia. Los cinco componentes de la familia somos bastante críticos y reflexivos, profundizamos en el porqué de las cosas, a pesar de lo que nos digan (sobre todo los medios de comunicación); tenemos criterio propio y hacemos también opciones diversas. Se respira cierto aire de libertad y no tenemos hábitos consumistas, y creo que nos ha ayudado a conseguirlo el librarnos de la televisión.

Ahora, con esto de las nuevas tecnologías interactivas, se nos ha metido la tele por la puerta trasera, a través del ordenador, pero no es lo mismo; en principio, porque tiene otros usos, porque está en una habitación y no preside el lugar principal de la casa, en el salón-comedor. Pero no se puede bajar la guardia.

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