Entrevista: JOSÉ MARÍA DÍEZ-ALEGRÍA

Javier Domínguez

No necesitamos presentar a los lectores de UTOPÍA, revista de cristianos de base, a José María Díez Alegría, porque ha sido y es compañero, y también guía, desde su profunda fe, su sabiduría y su esperanza. Cumplió 90 años en el mes de octubre y le dimos un homenaje popular en Vallecas, donde se integró entre las bases cristianas, hace más de veinticinco años, cuando la intolerancia y la involución del Vaticano le quitaron la cátedra de Roma y le impidieron ejercer de profesor. Tuvo también que abandonar la Compañía de Jesús, pero siguió, y sigue, viviendo como un jesuita en comunidad jesuítica; de tal manera, que puede decirse que pese a la curia, sigue siendo el primer “jesuita de hecho”, y también “catedrático popular”. Su último libro, “Yo todavía creo en la esperanza”, es libro de cabecera de muchos cristianos de base. Aprovechamos para recomendarlo, por si alguno todavía no lo tiene.

No hemos venido a hablar con él con motivo de su 90 aniversario, sino en busca de su juicio ético sobre la situación que estamos viviendo.

Tú has sido un profesor preocupado por las realidades tremendas en las que has vivido y has buscado siempre el darles una salida ética. Creo que eres la persona indicada para lo que queremos en la revista UTOPÍA. Queremos un punto de vista ético, evangélico, teológico de todos estos últimos acontecimientos. A ti, todo esto del nuevo orden mundial, la globalización, el terrorismo, la guerra contra el terrorismo… te ha cogido mayor, pero creo que con capacidad para darnos luz desde tu cátedra fraterna, como profesor y anciano en esta tribu que formamos los cristianos de base.

Sí. Yo sigo preocupándome. Leo mucho. Reflexiono mucho.

Pues dime tus reflexiones. No quiero otra cosa.

El atentado de las Torres Gemelas nos hace plasmar una serie de reflexiones que yo llevaba hechas en estos últimos años.

José María Díez Alegría se concentra, y muy despacio, como meditando y ponderando cada palabra, contesta:

Esta economía de mercado globalizada, con una globalización del mercado principalmente no el mercado producción-consumo, sino el mercado financiero, con una libertad absolutamente anárquica, llevada año tras año, año tras año desde hace por lo menos un lustro, atendiendo a los informes anuales del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, conduce de hecho a un aumento cuantitativo económico mundial muy grande de riqueza y un correlativo aumento de desigualdad, y por tanto, desde un punto de vista ético, de iniquidad, en la distribución.

Mil trescientos millones de personas viviendo en la inframiseria y otros mil quinientos en pobreza severa, mientras un veinte por ciento disfruta de esa riqueza generada, y en ellos una minoría de fortunas que suponen una acumulación de riqueza y poder verdaderamente horroroso, forman unasituación inicua y explosiva. Y hay que añadir ese otro treinta por ciento que queda, principalmente en Estados Unidos, que es donde lo social está más flojo, en circunstancias de pérdida de valor adquisitivo, como asalariados en trabajo precario, con sindicatos que han perdido fuerza y con servicios sociales disminuidos.

¿Tiene algo que ver la globalización financiera con el atentado a las Torres Gemelas?

Yo ya veía antes con toda claridad que si esa situación no se arreglaba por la buenas (con un mínimum, pero un mínimum que sea bastante arreglo) tendría que explotar de alguna manera. Después de la caída del muro de Berlín; después, en una u otra forma, de los fracasos de las guerras populares en Latinoamérica y en otros sitios, que hacen ver que hoy por hoy una guerra revolucionaria no es viable, yo ya veía, digo, que en forma de terrorismo o de otra forma se producirían unas cosas tremendas. De modo que yo, realmente, veía venir una cosa como esto sin poder determinar el cómo.

¿Esto es otro tipo de terrorismo u otro tipo de guerra?

Entre los artículos que se han publicado en estos días, en un sentido o en otro, me pareció muy notable, por su valentía, uno que publicó Baltasar Garzón en «El País», en el que él dice que esto es un acto de terrorismo y no es un acto de guerra internacional. Esto no es un acto de guerra sino un crimen, y por tanto hay que combatirlo con la policía, con los tribunales de justicia y dentro del Estado de Derecho. A mí me parece que este planteamiento es correcto.

¿Por dónde crees que se debería empezar?

Hace falta que la globalización económica (que, como he dicho, es mucho más financiero especulativa que de producción-consumo) se vea doblada con una globalización jurídica que haga que ese mercado tenga una regulación suficiente, que impida que el aumento de riqueza sea correlativo a un aumento de desigualdad y de injusticia en la distribución. Eso exige una regulación internacional.

Lo que hizo la Socialdemocracia en Europa después de la Primera Guerra Mundial, que fue una libertad económica regulada con leyes, y compensada también con leyes sociales que aseguren un cumplimiento suficiente de la columna de derechos humanos de contenido económico-social, y no sólo de la columna de los derechos de libertad política, económica, etc., hay que hacerlo ahora a nivel mundial.

Pero esto supone otro orden jurídico internacional.

Esto plantea un cambio en las Naciones Unidas, que deberían velar por el cumplimiento de estos mínimos con autoridad.

¿Y en casos de terrorismo?

Las Naciones Unidas deberían tener una autoridad jurídica para los delitos internacionales. Y no sólo sobre los delitos de los Estados, sino también sobre los crímenes contra la humanidad.

Me parece urgente, aunque no se pueda hacer en un día, la eliminación de la legitimidad de la guerra internacional. Es decir, que lo mismo que dentro de los Estados no se permite tomarse la justicia por su mano, también a nivel internacional los Estados no estén legitimados para hacer la guerra, sino que tienen que denunciarlo a las autoridades mundiales pertinentes, que son las únicas que deben tener fuerza coactiva.

¿Una especie de Estado de Derecho mundial?

Efectivamente. Esto supondría un desarme mundial. Cada Estado tendría fuerzas de policía armadas, todo lo que necesitara en el orden interno. En el orden internacional habría una policía armada para resolver los problemas interestatales, sometida a unos jueces internacionales. Naturalmente esto es una utopía que habría que ir articulando con los correctivos que exija la práctica.

¿Entonces, cómo ves, en concreto, la respuesta bélica actual al atentado de las Torres Gemelas?

Con condena absoluta de este tipo de terrorismo, porque el fin no justifica los medios. Los defectos, e incluso los crímenes, de la política internacional de los Estados Unidos nunca pueden hacer legítima una forma de oposición como ésta.

Dejando esto muy claro, los Estados Unidos son los que más se oponen a cualquier regulación jurídica internacional que pueda quitarles poder: se oponen a las exigencias ecológicas, a toda eliminación internacional de armamento, incluso a algo tan obvio como la eliminación de las minas antipersonas o la eliminación de las armas más mortíferas, como son las nucleares, bacteriológicas y químicas, no firman el Tratado que constituye el Tribunal Internacional…

En estos momentos han lanzado una guerra internacional, por sí y ante sí con un sujeto indefinido, con no se sabe cuántos Estados implicados, dirigida exclusivamente por ellos, con un acento fuerte vindicativo, en la que exigen que les ayuden, y consideran enemigos a los que no lo hagan con consignas tan expresivas como “el que no está conmigo está contra mí”… Bueno, en estos momentos los Estados Unidos están bajo un trauma tremendo como colectividad social que hay que ver con una gran comprensión. Por otra parte, en Estados Unidos hay gente que está hablando en este mismo sentido…

¿Cuál crees tú que debería ser la respuesta?

La respuesta primera sería: estamos dispuestos a modificar y plantear a nivel internacional una respuesta de justicia con respecto al Tercer Mundo y al Cuarto Mundo. Esto es lo que yo digo.

¿Y la seguridad contra el terrorismo?

Si se mantiene este nivel de injusticia internacional, con los avances tecnológicos actuales en manos de grupos terroristas, no es posible una seguridad a base de policía y represión.

Los Estados Unidos tienen los servicios secretos mayores del mundo, y esto se les ha escapado. ¿Multiplicarán estos servicios?

Ahora yo veo dos posibilidades:

La primera, que ellos se impongan y quieran imponer al mundo un estado policial bastante incompatible con las libertades democráticas de las cuales ellos son paladines. Ahora hay un estado excepcional que tolera los registros, control de teléfonos, etc. Pero, ¿qué pasará dentro de ocho meses, cuando esto se vaya olvidando?

La segunda, disminuir el nivel de desesperación actual, mediante acciones significativas y mínimamente eficaces, de los miles de millones que no viven como personas…

Casi todos dicen que este atentado es fruto de un fanatismo islámico.

Yo he visto artículos estos días, artículos de estos americanos críticos, que son admirables, que dicen que en la génesis de este acto, aunque haya una parte de fundamentalismo religioso, hay también una parte de desesperación de la gente del Tercer Mundo y del Cuarto Mundo; desesperación que no encuentra ningún eco y que es un caldo de cultivo donde los fanatismos pueden desarrollarse.

Además, aquí chocan con otro fanatismo, el fanatismo de la soberanía de una propiedad privada creciente y que lo abarca todo, y que es el ídolo de la humanidad actualmente. Un ídolo al que se sacrifican víctimas humanas. El neoliberalismo tiene mucho fanatismo religioso idolátrico.

Con todo lo que hemos hablado me parece que tengo para llenar las limitadas páginas de la revista Utopía dedicadas a la entrevista. Te tengo que decir que me has recordado los años cincuenta, en los que tú eras profesor mío y los dos teníamos cincuenta años menos. Sigues un poco más sordo, pero igual de lúcido. Te agradezco en mi nombre y en el de los cristianos de base que leen la revista, esta aportación tuya.

Pues muchas gracias y hasta otra.

Te acompaño hasta la calle.

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