
Editorial: Una sociedad sin excluidos
La historia está llena de exclusiones y de excluidos. En el mundo antiguo sólo una minoría, los hombres libres, fueron dueños de la palabra y tuvieron protagonismo, pero los esclavos, los pobres, las mujeres… quedaron silenciados y excluidos. En general, la historia ha sido dirigida y dominada por los varones blancos y occidentales; ha sido androcéntrica, etnocéntrica y eurocéntrica.
Jesús de Nazaret, desde el comienzo de su ministerio, se presentó como enviado de Dios para llevar a los pobres, a los oprimidos, a los excluidos la Buena Nueva de la liberación (cfr. Lc. 4, 18-19). Y esta fue la razón por la que los dueños de la palabra y de los bienes de entonces le condenaron y le ajusticiaron.
¿Han cambiado mucho las cosas después de Jesús? Parece que no demasiado. Al menos no lo ha hecho en el mundo y en la medida en que Él proponía. Ahora mismo, a pesar de que los medios de comunicación, expresión de quienes hoy tienen en sus manos la palabra, anuncien a bombo y platillo como un gran acontecimiento el hecho de la Unión Europea, todos sabemos que con ella no se cierra la historia de la exclusión y de los excluidos.
Al contrario, aunque por lo que respecta a nosotros, los españoles, se nos quiera vender la unidad europea como la clave de un futuro mejor y, a la vez, como la justificación para pedir, o más bien exigir, a parte de los españoles importantes sacrificios al objeto, se nos asegura, de llegar a ser competitivos, de no quedar atrás en esta guerra de intereses que por debajo están librando, al margen de las buenas palabras, los países que dicen estar construyendo una Europa unida, todos sabemos que no es oro todo lo que reluce en este asunto.
Por eso, UTOPIA, que intenta ser fiel al sueño de Jesús de una sociedad sin excluidos, quiere recordar en este número esta triste verdad: en la Europa unida también hay y, por desgracia, seguirá habiendo excluidos, pues todo parece indicar que esa unidad se sigue haciendo pensando ante todo y sobre todo en los ricos, que estamos avanzando simplemente hacia la Europa de los mercaderes. Presos, personas sin techo, mujeres prostituidas, etc., son sólo algunos ejemplos de este mundo de exclusión y de excluidos.
Si volvemos nuestra mirada a este mundo de los excluidos dentro de la Comunidad Europea no es por el morbo de contemplar la desgracia, sino por el interés de ir creando conciencia entre los creyentes de que en el esfuerzo orientado a conseguir otorgar la palabra, el protagonismo y la dignidad a los excluidos sigue estando, hoy, el reto para el cumplimiento del reino de Dios, la posibilidad del triunfo de la causa de Jesús. Sus palabras siguen resonando en nuestros oídos: «Os aseguro que los publicanos y las prostitutas entrarán antes que vosotros en el reino de Dios» (Mt. 21, 31). Si Dios les otorga un puesto en su proyecto, ¿quiénes somos nosotros para dejarles fuera?
Llevar a los pobres, a los oprimidos, a los excluidos la Buena Nueva de la liberación.

