«VIVIENDO DE OTRA MANERA »

USTEDES Y NOSOTROS

Vladimir Paspuel Revelo Inmigrante ecuatoriano

«Vivir de otra manera» necesariamente implica dos tiempos de nuestra vida, uno ya gastado, ya recorrido; y otro que falta por ser vivido, que marca un nuevo origen, que nos presenta un nuevo horizonte, una página en blanco y, posiblemente, para ti y para mí, una nueva oportunidad.

En la vida cristiana hay tiempos de silencio, de reflexión, de «subir a la montaña».

(Mt. 14,23). Estos momentos son de una riqueza única y genuina, puesto que permiten hacer un alto al diario bregar, hacer silencio para escucharle a Dios y a mi yo profundo. Sólo haciendo un alto y mirando retrospectivamente podremos evaluar nuestros pensamientos, obras, actitudes…, nuestra vida. Si el juicio es favorable, el júbilo y la satisfacción aflorarán; pero si la balanza se inclina en nuestra contra, entonces es tiempo de cambiar nuestro estilo de vida, es hora de empezar a «vivir de otra manera». Y que toda obra, acción a favor de nuestro prójimo sea fruto del amor y la justicia, no de la compasión y el limosneo. Puesto que el cristianismo es un estilo, una forma de vida.

Esta vida llena de bemoles es la que debe empujarnos a «vivir de otra manera», a plantearnos seriamente resucitar con Jesucristo a una vida distinta (Jn. 6,5-7), dejando el «corazón de piedra» y colocando en su lugar un «corazón de carne» que se esfuerza por seguir los mandatos del Señor Jesús. La praxis del cristianismo no tiene bandera ni territorio, no hace distinción entre nativos y forasteros. Todos somos iguales, hijos de un mismo Dios, y por lo tanto hermanos, con iguales deberes y derechos; «que no haya distinción entre judío y griego (entre inmigrante y nativo, entre negros y blancos, entre hombres y mujeres…), pues uno mismo es el Señor de todos, rico en amor para todos los que le invocan» (Rm. 10,12).

En este contexto de igualdad y fraternidad es donde se tienen que plantear deberes y derechos, tanto de ustedes, españoles o españolas y de nosotros, los cristianos que hemos venido de distintas latitudes de la tierra.

Estimado amigo no nacional, yo también soy forastero como tú, conozco de tus sufrimientos, porque a la par que tú los he vivido; pero estos problemas y vejaciones soportadas no justifican de ninguna manera que nos aprovechemos y lancemos todo nuestro dolor e impotencia contra los más débiles, los que no poseen nada y tampoco tienen a nadie, los que están en peores circunstancias que las nuestras. Si lo hemos hecho o lo estamos haciendo, es tiempo de «vivir de otra manera» abandonando, combatiendo o denunciando todos estas conductas negativas:

– El cobro excesivo por el subarriendo de un cuarto.

– El hacinamiento de las personas.

– Formar guetos que van en contra de la integración.

– El cobro de comisiones, por el simple hecho de poner en contacto al empleador con el empleado.

– Ser intermediario permanente (cabo), entre el trabajador y el empresario agrícola.

– Infidelidad matrimonial y ruptura familiar.

– Conducta egoísta y mezquina.

– Embriagarse permanentemente, ya en lugares públicos o privados, y tener comportamientos que rompen la armonía social.

– Actitudes taimadas, que conducen a la explotación por parte de la patronal.

Hay mucho que cambiar, y hoy es el día de iniciar nuestra transformación, dejando en el pasado toda actitud, gesto, palabra que nuestra moral cristiana nos dice que está mal. Pero potenciado todo ese cúmulo de valores que tenemos, de los cuales debemos sentirnos orgullosos y, sobre todo, demostrarlos cotidianamente: abnegación, trabajo, honradez, transparencia, franqueza, alegría, capacidad, etc.

Hermanos/as nacidos en este espacio geográfico (España), también Jesucristo les invita a «vivir de otra manera», siendo «sal y luz» para esta sociedad en tinieblas e insípida. «Vivir de otra manera» es caminar más allá de la simple tolerancia, de la aceptación de los «inmigrantes» en el barrio, de la vecindad del piso donde habitamos tú y yo, del encuentro en los lugares que frecuentamos ustedes y nosotros. Es borrar esas barreras mentales arcaicas de creerse superiores, más inteligentes, poseedores de una cultura más elevada…, y por estos complejos, darnos por pensados, creer que saben lo que deseamos sin preguntarnos, conocer nuestra realidad sin comprenderla… Es mirarnos y sentirnos como hermanos, y al hermano no se le discrimina ni se le ayuda por compasión, porque te sobra un poco de tiempo, un poco de dinero, un poco de alimento; al hermano se le ayuda por convicción, por amor, y porque es parte de ti. No quiero tu ayuda y solidaridad por hobby, porque está de moda, porque quieres que te miremos como bueno o porque es tu trabajo. Ayúdame ayudándote a ti mismo a ser verdadero cristiano, multiplicando tu vida de seguidor de Jesús en tu familia, trabajo, en todas partes y circunstancia. Una de las maneras buenas de vivir como hermanos sería formando entre ustedes y nosotros comunidades cristianas mixtas, donde el Reino de Dios, que es paz, justicia, igualdad, fraternidad, fe, esperanza y amor inicie su expansión. Es tiempo de formar una iglesia con múltiples rostros, pero con una vida común (Hch. 2,44-47), es hora de «vivir de otra manera».

Deja una respuesta