Cómo nos venden la guerra

Esther López

Hablamos de guerra y, por desgracia, no es extraño para nosotros. Existen diversos enfrentamientos militares en el mundo, pero desde el 11 de septiembre de 2001 se nos ha centrado la atención en el atentado ocurrido en EE.UU. y en el «inevitable» ataque militar por su parte sobre Afganistán. Se nos vende en las noticias como algo incuestionable, pero ¿es todo como nos lo presentan?

El inmensamente poderoso y eficaz sistema defensivo estadounidense ha sido inútil para evitar lo que sucedió entonces. Todos los recursos empleados para crear un sistema antimisiles invulnerable que, ocasionalmente, proteja a la población no han sido suficientes para evitar una masacre. Se nos hace hincapié en el grandioso número de muertes ocurridas en EE.UU., las cuales no hay que pasar por alto, pero ¿se nos está hablando de igual forma de los muertos en territorio afgano? También se ha ponderado el número de muertos de este atentado frente a muertes que están ocurriendo en otros conflictos: microguerras en todo el mundo, sucesivas guerras en África como en la zona de los Grandes Lagos, enfermedades infecciosas evitables en el norte de Occidente y no en otros lugares, SIDA, hambre… ¿No sería mejor reorientar hacia dónde encaminamos nuestros recursos?

Los medios de comunicación de masas han sabido conducir la opinión pública hacia lo que ellos querían escuchar (sin entrar en anécdotas, como las primeras imágenes de alegría mostradas de los palestinos, que eran imágenes de archivo, o la caída «fortuita» del cuarto avión terrorista). Desde el día de los atentados hasta el día de los bombardeos en tierra afgana (7 de octubre), los medios de comunicación nos venden una ideología patriota norteamericana que intenta situarnos a favor de la guerra.

Y las irregularidades continúan: España apoya la guerra sin consultar al Parlamento; la OTAN, el mismo 12 de septiembre, ya había apoyado las acciones militares de Bush; se intenta dar credibilidad a la guerra con unos vídeos caseros de Bin Laden… El caso es que todas estas noticias, dirigidas a que nosotros justifiquemos la guerra, eclipsan el resto de sucesos de actualidad (en aquel momento Gescartera…).

¿Por qué la cultura talibán se nos muestra como negativa sólo después de los atentados? ¿No será porque EE.UU. les apoyó para subir al poder cuando, en 1996, entró en Kabul? Lo mismo que ocurrió con Irak en la guerra contra Irán : EE.UU., máximo aliado de Irak, lo bombardea cuando este país invade Kuwait.

Y ya en nuestro terreno veamos los argumentos contradictorios de Aznar: «Hay que defender nuestro sistema de valores basado en la convivencia y la libertad». ¿No es uno de nuestros fallos sociales el sistema de valores capitalista? Y aunque no lo fuera ¿se defiende esto con la guerra, que únicamente genera pobreza? Y lo mismo ocurre con la idea de castigar a todos los Estados que den cobijo a terroristas. ¿Debe hacer España intervenciones militares en los países que no entregan a etarras: Francia, México, Cuba, Venezuela…?

Pensemos un poco: ¿siempre vemos la guerra como guerra? Debemos posicionarnos. Hay que aprender a leer entre líneas; luchar por un trato humanitario para todas las personas (incluso prisioneros, aunque no debieran existir); contemplar la posibilidad de la objeción fiscal para no contribuir con gastos militares; cuestionarnos todo el sistema militar, ya que les dejamos la tarea de utilizar los recursos bélicos que la industria privada crea para ellos, etc. Y estar atentos a otras guerras, como las que nos plantean el sistema de finanzas o el comercio, que no matan con bombas, pero sí van asfixiando poco a poco, destruyendo los derechos de los trabajadores, los tiempos de ocio, la cultura. Todos estos campos no pueden pasar por nosotros sin ser cuestionados, y tenemos la tarea de trabajar en ellos.

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