El Ocio

Por qué el ocio? ¿Tan importante es? Sí, el ocio define a las personas y su forma de entender el mundo y la vida misma. A través del ocio y las actividades y fiestas que genera se puede, muy bien, conocer a una sociedad y a un pueblo.

¿Qué es el ocio? El tiempo libre del que las personas disponen para poderlo utilizar en aquello que más les satisfaga, una vez cubiertas sus necesidades fundamentales, y del que no están obligadas a dar cuenta a nadie. Esto, que parece tan fácil de realizar, resulta que se termina complicando, hasta el extremo de que son muy pocas las personas que realmente invierten su tiempo libre en aquello que más les satisface. ¿Por qué? Porque somos hijos de una cultura, tenemos unos hábitos, unas relaciones, etc., y resulta que el día en que somos dueños y señores de nuestro tiempo quizá no sepamos en qué invertirlo, o incluso aquello en que habíamos soñado tantas veces no nos arriesgamos a realizarlo porque supone, también, una serie de renuncias o exige disciplina y constancia.

Veamos, pues, cómo se utiliza el tiempo de ocio. Los criterios de elección coinciden con los que guían nuestra vida en las demás facetas. Si lo más importante es el dinero, o nuestras ansias de poder, o el deslumbrar a los demás con nuestra figura o nuestros modelitos, o el comer, o el beber, o el descansar, o el divertirnos, o el convivir, o el rezar, etc., en función de ello organizaremos nuestras vacaciones o nuestro ocio en general. Así tenemos personas que en diez días de vacaciones se gastan el sueldo de tres meses. O amigos que hasta hace poco iban contigo al refugio de montaña, y desde que empezaron a trazar sus vacaciones en avión ya no quieren ni pisar un hotel que tenga menos de cuatro estrellas. La gente moderna tiene que recorrer, al menos, 10.000 kilómetros y gastarse 750.000 pesetas, o más, para que las vacaciones merezcan la pena. Hace 25 años se pasaban las vacaciones en el pueblo, muy a gusto; hoy, como mucho, se pasan en el pueblo los meses de verano, pero los 15 días de vacaciones hay que irse lejos. El consumo impulsivo que nos devora a diario también nos acompaña en las vacaciones, y al elevado coste de las mismas (en general) hay que sumarle el abultado gasto en ir de tiendas. Todos queremos hacer las mismas cosas el mismo día y en el mismo sitio, aunque para ello tengamos que soportar horas de caravanas agotadoras de ida y de vuelta, como si fuéramos masoquistas. También hay algunas personas (las menos) que disfrutan de unas sencillas vacaciones comunitarias en la Naturaleza.

Pero para construir un mundo nuevo debemos convertirnos, también, al hombre nuevo cuyo modelo, para nosotros los creyentes en Jesús de Nazareth, es el que se vislumbra en los Evangelios, porque Jesús no nos quiere fastidiar obligándonos a hacer cosas difíciles, que cuestan mucho, para así ganar méritos y llegar al cielo (como nos decían antes), sino que simplemente quiere que seamos felices haciendo lo que realmente nos gusta y nos satisface, y el ocio es una estupenda posibilidad para ser felices y para estar con los otros en armonía.

Para disfrutar del ocio de forma liberadora tendremos, seguramente, que alterar nuestra escala de valores, hasta llegar a descubrir que el tiempo es lo más importante en nuestra vida; porque es eso, la vida, que se pasa en un soplo, mucho más importante que el dinero o los signos de poder, y que nos ofrece múltiples posibilidades para desarrollar nuestras aficiones o habilidades, para estar con los demás y construir con ellos ese mundo nuevo que tantas veces hemos soñado. Podremos descansar, disfrutar en la Naturaleza, realizar deportes y aventuras, encontrarnos con otras personas y otras culturas, compartir y divertirnos con ellas, saborear la lectura, la creatividad, escribir, contemplar el arte de otros y realizar el nuestro propio, viajar, cantar, bailar, aprender a tocar algún instrumento musical, etc. El caminar es otra forma de viajar y de conocer el mundo, o el desplazarse en bicicleta, para lo cual hace falta muy poco dinero. No es necesario volar en avión ni tampoco recorrer largas distancias. Con lo breve que resulta la vida no te sobrará tiempo para conocer lo que tienes próximo, y como a todo no podrás llegar, es más sabio disfrutar de lo que se presenta.

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