Acompañamiento y solidaridad: Nuestra experiencia con los parados

Comunidad Fray Pacífico de la Pobladura  Iglesia de base de Madrid

En Madrid, en abril de 1990, nació nuestro grupo. El nombre lo tomamos de un misionero capuchino español, muerto en las selvas venezolanas el 25 de octubre de 1983, tras un terrible accidente de aviación. De Fray Pacífico aprendimos que el Evangelio exige siempre un profundo compromiso de solidaridad y liberación para los oprimidos y marginados, que para él eran los indios venezolanos, a los que dedicó toda su vida entre los que murió. Para recordarlo surgió el grupo.

Las actividades que desarrollamos dependen de los secretariados provinciales, que son los que deciden dónde actuar. Hasta la fecha, trabajamos con enfermos terminales de SIDA, en catequesis, en el mundo rural, acompañando a parados-marginados y sin techo, y, finalmente, impulsando la solidaridad con la campaña «Por una vivienda digna en Argentina», en estrecha colaboración con la Unión de los Sin Techo (UST) de Buenos Aires.

EL PARO, UN PROBLEMA MORAL

En las sociedades donde reinan unos sistemas capitalistas de producción y de propiedad se extiende a pasos agigantados la plaga del paro. Para una inmensa mayoría, los hombres y mujeres que sufren esta lacra son tan sólo números en una larga lista, o un expediente que duerme en el cajón de alguna mesa. Pero para nosotros, cristianos, el paro, además de un problema social o económico, es un problema moral, consecuencia lógica de una manera injusta e insolidaria de concebir el trabajo. Por eso, el estar junto a los que se ven privados de lo que debería ser un derecho tan elemental y primario como el de trabajar es una manera más de asumir y afirmar nuestra fe en Jesús de Nazaret.

EL ALBERGUE DE SAN JUAN DE DIOS, NUESTRO LUGAR DE ENCUENTRO CON LOS PARADOS

Desde hace dos años, es en este lugar donde desarrollamos nuestra tarea de hermanamiento y solidaridad con los parados. Este albergue que los hermanos de San Juan de Dios tienen en Madrid funciona desde 1979, y tiene una capacidad de 230 plazas. Las personas que a él acuden son en su inmensa mayoría gente que no dispone de un puesto de trabajo, y como consecuencia no tienen ni un hogar ni una familia estables.

Entre los objetivos del albergue está la reinserción social de estos hombres que han llegado al máximo de la marginación y para ello ofrecen asistencia social, psicológica, jurídica, médica, pastoral y cultural. Es en este último terreno en el que nosotros trabajamos. Se desarrolla todos los sábados, de 5,30 a 7 de la tarde, y se denomina «Diálogos Culturales».

En ellos tratamos de que los asistentes -entre 20 y 140 personas- den sus opiniones sobre los temas planteados (SIDA, homosexualidad, drogas, paro, fanatismo religioso, soledad, elecciones, papel de la ONU, alcoholismo, nacionalismos, etc.) para que ellos mismos se den cuenta de que, a pesar de su situación, siguen siendo valorados y tratados como lo que son, personas.

A lo largo de los debates surgen muchos otros temas que enriquecen de forma muy positiva estos diálogos. El mero hecho de estar ahí significa mucho para ellos, pues tienen la posibilidad de manifestar su punto de vista sobre lo que ocurre a su alrededor.

Según la memoria publicada sobre las personas que han pasado por el albergue el pasado año, observamos que de las 2.757 personas atendidas, el 41% eran obreros sin cualificar, y que permanecieron en el centro una media de 22 días. Muchos de ellos, a pesar de buscar empleo, no lo encuentran debido a su edad, por lo cual se les tramita el cobro del IMI.

También, se da un elevado número de jóvenes de zonas rurales, que vienen a Madrid en busca de su primer empleo, a los que se les ofrece la oportunidad de asistir a un curso de capacitación y talleres sociolaborales, dentro de un programa de integración. En 1992, de las personas que siguieron estos programas, el 40% obtuvo un puesto de trabajo, aunque no todos lo logran, ya que muchos de ellos, como consecuencia directa de su situación precaria y de falta de trabajo, suelen sufrir serios trastornos producidos por el uso de sustancias (drogas o alcohol), trastornos afectivos, emotivos, de personalidad o de control de impulsos.

Por eso, la quiebra de una empresa, el fraude patronal, la reconversión, la acumulación de puestos de trabajo en pocas manos, en definitiva, todo lo que surge al calor de una sociedad capitalista, competitiva, insolidaria e injusta, engendra el problema del paro, que se convierte en un problema moral que atenta a la dignidad de miles de hermanos nuestros.

La solución a ello es desmontar el viejo armatoste capitalista, pero, mientras eso lo hacemos realidad entre todos, tenemos el deber y la obligación de estar junto a estos hombres y mujeres, acompañarles y ofrecerles nuestra solidaridad para que nunca se encuentren solos. Nuestro compromiso evangélico nos lo exige.

«Fray Pacífico de Pobladora»

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