La Vivienda

Javier Domínguez

Cuando yo era niño, hace setenta y tres años, Madrid terminaba en el Puente de Vallecas por el Sur. Carabanchel era un pueblo de unos mil habitantes. El Madrid pobre creció por el Sur. Se fueron estableciendo poblados de chabolas en la China, más tarde en el Pozo del tío Raimundo, en Palomeras, etc. La vivienda era una necesidad vital para los emigrantes que venían de Andalucía, Extremadura y Castilla la Mancha sobre todo. Compraban un terreno, que costaba diez mil pesetas, alquilaban un camión con ladrillos, cemento, puertas…, que llegaba al terreno al anochecer, y se levantaba una casa, que tenía que estar terminada antes de la salida del sol. Si la casa tenía puerta y techo cuando llegaba la Guardia Civil, la casa podía seguir en pie porque para tirar la puerta necesitaban una orden de un juez. (Hubiera sido allanamiento de morada.) Si estaba sin cerrar o sin techo venía la brigada y la derruían.

Uno de los primeros follones del Padre Llanos en el Pozo tuvo lugar cuando se enfrentó a la Guardia Civil y les obligó a ir al cuartelillo, y mientras tanto terminaron la casa y le pusieron la puerta.

Así surgió un cinturón de chabolas donde vivían cientos de miles de personas, buenas personas, en cuatro paredes levantadas en noches terribles de miedo y angustia.

Hablar de la vivienda como una necesidad ineludible, cuatro paredes y un techo, para la inmensa mayoría de los españoles no tiene mucho sentido. Sí lo tiene para los actuales emigrantes que llegan en pateras y se establecen en poblados marginales, y van a trabajar por cuatro perras los campos de los hijos de aquellos emigrantes que levantaron en Madrid una chabola, hicieron dinero en Alemania y se compraron un invernadero en su pueblo andaluz (hablo de El Egido).

Hoy en día la dignidad humana exige una vivienda humana, con agua corriente, luz eléctrica, calefacción y suficientemente amplia para no vivir hacinados. Esto es algo de lo que participamos todos. Es un valor vigente en la sociedad. Las personas dan años de trabajo y sudor para conseguir una vivienda digna. Si preguntamos a la inmensa mayoría de los españolitos y españolitas de a pie por qué bienes o valores están dispuestos a sudar y trabajar como negros, a aguantar al jefe y a los que sea, muchos nos dirían que por una casa digna.

Pero hoy día la vivienda se ha convertido en un negocio, en un mercadeo, en una especulación. El neolibealismo reinante en la economía española, que deja el precio al puro mercado, ha convertido la vivienda en objeto de inversión. Lo que más dinero da hoy en día es la compra de viviendas. Se compra, se deja cerrada y se revende al doble de su precio a los pocos años. Es de todos sabido, y lo dan por hecho todos los análisis económicos, que la demanda de viviendas es tan fuerte porque el dinero negro de la droga y de otros negocios lucrativos se blanquea comprando viviendas. Este aumento de la demanda hace subir el precio y la burbuja continúa hasta que aflore el dinero oculto que perderá su valor con la entrada del euro. Los especialistas dicen que se moderará la subida cuando deje de tener valor la peseta.

Y lo malo es que esto nos parece lo más normal del mundo. Se vende todo. Y si se compra y se vende es que todo va bien.

Y así pasa lo que pasa, que planifican un negocio, no una ciudad.

El negocio es redondo y la ciudad inhabitable.

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