Los alimentos sencillos proporcionan igual placer que una comida excelente, una vez que se elimina del todo el dolor de la necesidad, y pan y agua procuran el máximo placer cuando los consume alguien que los necesita. Acostumbrarse a comidas sencillas y sobrias proporciona salud, hace al hombre solícito en las ocupaciones necesarias de la vida, nos dispone mejor cuando alguna que otra vez accedemos a alimentos exquisitos y nos hace impávidos ante el azar.
No es posible vivir feliz sin vivir sensata, honesta y justamente; ni vivir sensata honesta y justamente sin vivir feliz. Las virtudes, en efecto, están unidas a la vida feliz y el vivir feliz es inseparable de ellas.
Con una actividad desenfrenada se acumula gran cantidad de riquezas, pero a ellas se les une una vida desgraciada.
Muchos que consiguieron riquezas no encontraron en ellas la liberación de sus males, sino una permuta de éstos por otros aún peores.
Ningún insensato se contenta con lo que tiene, sino que más bien se atormenta por lo que no tiene.
Éste es el grito de la carne: no tener hambre, no tener sed, no tener frío; quien tenga y espere tener esto, podría rivalizar con Zeus en felicidad.
Reboso de placer en el cuerpo cuando dispongo de pan y agua. Y escupo sobre los placeres de la abundancia; no por sí mismo, sino por las molestias que les siguen.

