EL DIOS ORDEN.

Goio Ubierna

Es cierto que sin un determinado orden se hace difícil avanzar porque las cosas no aparecen cuando se las necesita. Un sitio para cada cosa y cada cosa en su sitio ahorra mucho tiempo y evita exasperaciones o malos humores. Un buen rendimiento es deudor de algún tipo de orden. El pensamiento y la razón necesitan también cierto orden para poderse desarrollar con eficacia. El estudio y la investigación se ven favorecidos por un método normativo.

Las relaciones sociales también se ven favorecidas por  un orden pre-establecido y de esta manera es más fácil la comunicación y la participación interpersonal e intergrupal. Cuando uno habla es preciso que los demás callen y escuchen, es decir, es necesario un orden en las intervenciones para poderse entender. En los juegos de equipo y los deportes también se establecen unas reglas que les dan sentido. El trasiego de coches, aviones o barcos se hace más ágil y seguro gracias al Código de Circulación específico para cada espacio.

Entrando ya en una valoración sobre el orden, nos atreveríamos a decir que es útil cuando facilita las relaciones y los movimientos entre las personas y los objetos; pero sólo es bueno cuando nos ayuda a avanzar y a crecer, y malo cuando produce bloqueo, inseguridad, miedo.

Un cierto orden se hace imprescindible, pero hay muchas formas de entenderlo, no sólo a nivel social sino también individual y personalmente. Hay mesas muy limpias y, por el contrario, hay otras llenas de papeles en aparente desorden, pero bien controladas. Cada persona establece su forma de orden.

La vida es un don, una oportunidad, una aventura y hay que vivirla con el gran riesgo que entraña, hay que experimentar, progresar, crecer en la construcción del Reino. Quien no arriesga, no se equivoca, pero quien no se equivoca no aprende, porque aprendemos sobre todo de los errores.

Sin lugar a dudas, es más cómodo y seguro andar por caminos trillados que aventurarse por sendas desconocidas que nos pueden sorprender o inquietar, pero también es cierto que ese es el precio a pagar si queremos conquistar nuevas alturas y descubrir nuevos paisajes. Los que siguen el orden establecido de forma meticulosa nunca tendrán sobresaltos, pero tampoco descubrirán sensaciones nuevas y vivirán instalados en la monotonía. Para construir un mundo nuevo hay que explorar caminos nuevos que discurren al margen del orden establecido y que en muchos casos éste los prohíbe.

El orden es productivo y beneficioso cuando se queda en simple instrumento o medio para conseguir otros objetivos superiores, como pueden ser el desarrollo humano y el equilibrio ecológico, el progreso y bienestar, la alegría y la salud, la libertad y la justicia, etc. Sin embargo, puede ser muy pernicioso cuando se convierte en un fin en sí mismo, en un dios al que es necesario ofrecer abundantes sacrificios para aplacar su ira, ira que se encarna en aquel hombre o poder que interpreta y hace cumplir las ordenanzas.

… Y SUS SACRIFICIOS

El primero y principal sacrificio que se inmola al dios orden es el de la persona, pues cuando ésta se ata al orden deja de realizarse, de crecer, de crear, se anula a sí misma para seguir la ruta establecida. Un hombre dejó sus bienes a sus empleados: a uno cinco millones, a otro dos y a un tercero un millón. A su regreso, el que había recibido cinco le entregó otros cinco más de ganancia (había arriesgado); el que recibió dos también los dobló; pero el que recibió uno le dijo: «Señor, supe que eres hombre duro, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces; me asusté y fui a esconder tu millón bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo». El señor le increpó: «¡Empleado negligente y cobarde!» (Mt. 25, 14-30).

Se nos ha dado un bien muy grande, que es la vida y la salud, pero no para que lo escondamos y lo mantengamos seguro, no. La vida es para gastarla, para usarla, para arriesgarla, hasta que dure; no es para mantenerla escondida ni oculta, protegida entre algodones para que no se dañe. El que arriesga su vida, la salvará; y el que la asegura, la perderá, nos dice Jesús.

El que vive para cumplir el orden no desarrolla sus capacidades o posibilidades ni tampoco su creatividad. Por contra, el que utiliza el orden para vivir tiene un abanico de posibilidades y si en alguna ocasión el orden establecido se convierte en un obstáculo, se lo salta con decisión y sabiduría, porque lo importante es la vida y no el orden. Para estar entrenado es bueno saltarse de cuando en cuando alguna norma, aunque sólo sea pasarse un semáforo en rojo (eso sí, asegurándose de que no viene ningún coche o ningún peatón y de que no hay ningún policía que te multe).

Las víctimas por excelencia del orden establecido son los más pobres y marginados, pues a ellos es a quienes más castiga y, sin embargo, no tienen capacidad ni posibilidad de influir en él para cambiarlo. Su único recurso es transgredirlo, con lo cual aumenta la represión, el castigo y la marginación. Son los pobres de Yahvé, los preferidos de Jesús, los que heredarán el Reino.

Quizás sea en el Ordenamiento Jurídico en la parcela de poder donde más clara aparezca la discriminación socio-económica, pues se encarga sobre todo de salvaguardar la riqueza y privilegios de los poderosos frente a la miseria, precariedad y desprecio de los pobres. Desde esta instancia, los que controlan el poder político y económico elaboran leyes y normas de autoprotección. Para tener todo bien amarrado, por si hubiera alguna duda, también nombran a los jueces de más peso entre su gente de mayor confianza, para que interpreten las leyes a su favor. Para corroborar esto no hace falta más que darse una vuelta por las cárceles y ver quiénes soportan la enorme losa de las sentencias: pobres, marginados, emigrantes, toxicómanos, los que se revelan contra el sistema económico y político, los presos políticos, cientos de ellos vascos, dispersados lejos de sus pueblos de manera inhumana e ilegal. Por eso las cárceles están concebidas sobre todo para aplicar castigo, para encerrar (quitar de en medio porque son molestos) a esa masa de pobres, desheredados y rebeldes. Por eso los cristianos queremos de una manera muy especial a los presos y «vamos a verlos». En las cárceles no hay ricos, ni poderosos, ni criminales políticos instalados en el poder.

Quienes anteponen el orden como concepto de organización social son los sistemas autoritarios, militares, conservadores, inmovilistas, que no quieren riesgos ni aventuras que puedan amenazar el control del poder y las riquezas. El orden es utilizado por el poder como excusa para someter, dominar y hacer dóciles a los ciudadanos.

Para terminar, digamos que el sacrificio por antonomasia del orden establecido es el Nuevo Orden Mundial, pues es todo mentira, no es nuevo (es el mismo de antes, pero impuesto por EEUU), no es orden (sino desorden provocado por la violencia y el saqueo), no es mundial (sólo interesa a EEUU). Podemos concluir que el orden es un atentado a la libertad.

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