PEDRO CASALDÁLIGA

Vigía y Profeta en una sociedad neoliberalmente convulsionada

Benjamín Forcano

UN MÍSTICO DESCONCERTANTE

Siempre me ha admirado el talante místico de Pedro. Exiliado del mundo de la civilización, enclavado en el sertao (Brasil), a miles de kilómetros, sin haber vuelto nunca a España, rotas como quien dice las amarras con un mundo sin el que nosotros no sabemos vivir, este hombre alimenta una vida interior profunda de poeta y contemplativo y, sin embargo, este hombre tiene unas antenas más que cibernéticas, que le permiten divisar y seguir lúcidamente el rumbo del mundo.

Su mirada viene encendida en las brasas del proyecto original, único que despierta sueños y esperanzas de futuro, donde seguramente más tarde que temprano habrán de converger personas, pueblos y continentes. Una mirada que restalla profética en el vaivén desmadrado de sueños imperialistas, siempre inhumanos y retrógrados.

¿Cómo hace Pedro para no anestesiarse en el silencio de la soledad y no encasillarse en una espiritualidad enajenante, al margen de los problemas y esperanzas de sus hermanos? Nos encontramos, no cabe duda, ante un cristiano distinto, que ha disuelto la dicotomía establecida entre Reino de Dios, salvación personal, seguimiento de Jesús y tarea realizadora del yo humano, social e histórico.

Una prueba de esto es el análisis que Pedro realiza a propósito del sistema capitalista que nos envuelve. Hemos leído de él muchas pinceladas y hemos captado sobre todo sus grito proféticos. Porque Pedro –anótelo cada uno– nunca es neutral. La realidad establecida es lo que es: o sirve al hombre o está contra él. Ese establecimiento puede actuar como agente humanizante o deshumanizante. Si lo segundo habremos de desenmascararlo como ídolo perturbador. Quizás esté ahí la clave que debiera revolucionarnos a todos, porque lo que no se puede es ser persona cristiana y andarse flirteando con el encantamiento de falsos dioses.

(Las citas, que van a seguir, son literales y están sacadas principalmente de los libros «Yo creo en la justicia y en la esperanza», «Al acecho del Reino», «Cartas a mis amigos», «Evangelio y Revolución»).

CON LA VERDAD DEL EVANGELIO Y LA CONFIANZA DEL PUEBLO

El que Pedro apunte al capitalismo como tema prioritario, al señalar los ídolos de nuestra sociedad, reviste una triple novedad: el que lo haga un obispo, lo haga con análisis certero y lo haga con aliento profético. Generalmente, nuestros jerarcas se han llevado bien de la mano del poder. Y es muy raro encontrar obispos que se hayan plantado ante el poder. No lo han hecho seguramente por estar mal condicionados por la formación y la costumbre, por falta de conocimiento del peso de las estructuras en la vida (en este caso, un peso maligno) y por falta de radicalidad evangélica.

Pedro no se contenta con hacer declaraciones vagas. El capitalismo cobra rostro y carne en lugares concretos. Su Prelatura de Sao Félix do Araguaia, encuadrada en una de las regiones más pobres de Brasil, es uno de ellos. A Pedro, un místico con ojos abiertos, esa realidad le entra de golpe, le hiere sin piedad y, entonces, toma él la vez con su presencia, su ejemplo, su denuncia, profecía y coraje, lanzada al mundo en lenguajes y acentos múltiples.

  1. Descubrimiento de la problemática del pueblo

– La enfermedad: «La primera semana de nuestra estancia en Sao Félix murieron cuatro niños y pasaron por casa en cajitas de cartón, como zapatos, camino de aquel cementerio sobre el río el que posteriormente habríamos de enterrar a tantos niños y a tantos mayores, –muertos o matados– quizás sin caja y sin nombre».

–La tierra: «Fue en esas «desobrigas» (visitas de cumplimento pascual) cuando empezamos a sentir el problema de la tierra. Nadie tenía tierra propia. Nadie tenía un futuro asegurado. Todo el mundo era “retirante”, emigrante de otras áreas del país ya castigado por el latifundio».

–Una tierra sin ley: “Mato Grosso era, aún es, una tierra sin ley. No encontramos ninguna infraestructura administrativa, ninguna organización laboral, ninguna fiscalización. El Derecho era del más fuerte o del más bruto. El dinero y el 38 se imponían. Nacer, morir, matar, esos sí, eran los derechos básicos, los verbos conjugados con un asombrosa naturalidad».

–Tierra de feudalismo y esclavitud: «En el documento “Feudalismo y esclavitud en el norte de Mato Grosso”, exponía una letanía trágica de casos en carne viva de peones engañados, controlados a pistola, golpeados o heridos o muertos, cercados en la floresta, en pleno de desamparo de toda ley, sin derecho ninguno, sin humana salida»:

«¡Malditas sean

todas las cercas!

¡Malditas todas

las propiedades privadas

que nos privan

de vivir y de amar!»

  1. Y rompimos con los señores

–La noche del día en que firmé el documento salí a ver la luna grande y a respirar el aire más frío y me ofrecí al Señor . Sentía entonces que con el documento podía haber firmado también mi propia pena de muerte, en todo caso acababa de firmar un desafío».

–«Ya habíamos roto con las fazendas. No podíamos celebrar la Eucaristía a la sombra de los señores, viajando en sus coches o avionetas, comiendo o bebiendo whisky a su mesa, siendo “asistidos” en la celebración por los que esclavizaban sistemáticamente a los hermanos menores: ¡eso ya no era la Cena del Señor! Dejábamos de ser amigos de los grandes y los encarábamos. Ningún explotador o colaborador aprovechado de la explotación podría ser padrino de Bautismo, por ejemplo. Dejamos de aceptar el auto-stop en sus coches, esquivábamos positivamente su compañía, su sonrisa; dejamos incluso de saludarlos, en los casos más descarados».

–«Cohonestar la injusticia es un pecado demasiado “católico”. La Iglesia es responsable, hace siglos. Debe reconocerlo, y llorarlo, y se ha de convertir».

–«Si “la primera misión del obispo es la de ser profeta” y “el profeta es aquel que dice la verdad delante de todo un pueblo”; si ser obispo es ser la voz de los que no tienen voz, yo no podría, honestamente, permanecer de boca callada al recibir la plenitud del servicio sacerdotal».

  1. Y siguieron las advertencias, amenazas y persecuciones

«Voces latifundarias y eclesiásticas “amigas” me decían que yo no debía entrar en esos asuntos porque podrían acusarme de subversivo.¡Cuidado con hacerse el profeta por vanagloria; cuidado con inclinarse sólo a favor de unos; cuidado con darse a la lucha de clases!

La Compañía Bordon amenazaba con matarme a mí y a Moura, y de quemar el poblado. Yo y Lulú, ya torturado por el latifundio y la represión, fuimos esperados de emboscada, en la floresta, por el destajero de la fazenda, Benedito Boca-Quente. La «boca caliente» era la de su revólver. Y pusieron precio a mi vida, con insistencia. Daban por mi cabeza «mil cruzeiros, un revólver 38 y un billete de salida a voluntad».

Yo escribí por entonces en una hoja de banana silvestre:

«Somos un pueblo de gente.

Somos el Pueblo de Dios.

Queremos tierra en la tierra;

Ya tenemos tierra en los Cielos…».

En la dictadura militar, nos perseguían los militares católicos. Nuestros presidentes eran católicos, comulgaban. Nuestros terratenien- tes, católicos. Echan alambradas para proteger sus tierras y, al mismo tiempo, inauguran en ellas una capilla».

CON LA POLÍTICA HEMOS TOPADO

No hay cosa que más asuste a los espiritualistas y que más recelos provoque en muchos cristianos que el tema de la política. Es casi un tema tabú, que se lo demoniza sin más, como cosa incompatible con la fe. Sin embargo, pocas verdades tan claras en el Evangelio como la de que Jesús fue ajusticiado por el poder político y religioso –la sinagoga y el imperio–. Y lo fue por su intolerable parcialidad: «No se puede servir a Dios y al dinero» y «Ay de vosotros, guías ciegos».

Hoy se pretende desleír toda clasificación que intente reflejar los hechos en su cruda realidad. Y la realidad de la sociedad está compuesta por una pirámide inmensa de desigualdad, donde unos están arriba y otros abajo, unos son más y otros menos, donde unos viven en la abundancia y otros en la miseria, donde unos oprimen y otros son oprimidos. Y esta desigualdad no se puede tapar ni, mucho menos, bendecir o cohonestar con razones divinas. Sería un sacrilegio querer atribuir esta composición piramidal al Dios, justo y nivelador por excelencia : «Todos vosotros sois hermanos». El Dios de los señores no es igual al Dios de los pobres.

  1. La imposible neutralidad política

Como muy bien escribe Casaldáliga:

«Yo digo siempre que el Evangelio es para los ricos y para los pobres. Es para todos pero está a favor de los pobres y también está a favor de los ricos, pero contra su riqueza, contra sus privilegios, contra la posibilidad que tienen de explotar, dominar y excluir. Yo puedo relacionarme con los ricos, siempre que les diga las verdades. No es que no pueda ir un día a merendar a casa de un rico, pero si voy cada semana y no pasa nada, no digo nada, no sacudo aquella casa, no sacudo aquella conciencia, ya me he vendido y he negado mi opción por los pobres».

Oportuno como siempre, Casaldáliga escribe:

«Contra toda filosofía funcionalista, nosotros creemos que ni la ciencia ni la técnica pueden exhibir, en ninguna circunstancia, la bandera blanca de una pretendida neutralidad. Todo acto técnico, todo gesto científico chorrea ideología. O se sirve al sistema o se sirve al pueblo. Trazar una carretera en el papel, planear un censo, clasificar un remedio, es política. Todo técnico, todo científico es siempre un político, aun cuando se niegue a serlo: o reaccionario, o reformista o transformador».

  1. La opción por el socialismo

Cada quién verá cómo anda en política y hacia qué opción deriva. Pedro lo dice muy claro:

«Yo siempre he sido de izquierdas. Ya de pequeño era zurdo, pero en aquellos tiempos estaba prohibido y no nos dejaban escribir con la izquierda. De manera que incluso biológicamente soy de izquierdas».

«Yo he pasado a las opciones del socialismo. Por el contacto con la dialéctica de la vida, por las exigencias del Evangelio y también por algunas razones del marxismo. Qué socialismo, no lo sé a punto fijo, como no sé a punto fijo qué Iglesia será mañana la que hoy pretendemos construir, por más que sé que la queremos cada vez más cristiana».

EL NEOLIBERALISMO: NUEVO ÍDOLO GLOBALIZADO

A primera vista pudiéramos pensar que la realidad del mundo socioeconómico es una magnitud inabarcable y, encima, incontrolable. Ninguna premisa mejor para inducir al error o al fatalismo. Hoy la realidad de los pueblos es global, mundialmente interconectada, pero se ha globalizado bajo el dictado y leyes del neoliberalismo. No es una realidad caótica, sino férreamente articulada, de la que es difícil salirse para intentar proyectos y soluciones que no sean los impuestos por la dictadura neoliberal. Mil hechos lo acreditan.

Atreverse asomarse a ese mundo para descubrir su funcionamiento y, sobre todo, denunciar sus propósitos acumuladores y dominadores, es una empresa superardua que confiere a quien lo intenta el calificativo de quijote o idiota. Y, sin embargo, la magnitud no impide vislumbrarla en su simple identidad. Una identidad poderosa, aplastante, pero que no resiste el análisis de la conciencia humana.

Pedro Casaldáliga, obispo por más señas, no se corta ante esa empresa y se presenta ante ella con un buen bagaje de racionalidad, dignidad humana, firmeza ética, libertad evangélica y, sobre todo, experiencia inapelable, la de aquéllos que, con marcas, atestiguan la inhumanidad del rodillo neoliberal.

El neoliberalismo: de tal causa, tales efectos

– No a la propiedad privada privadora

«América Latina es mucho más pobre hoy que en la década de los 60. Sin embargo, en América latina hay mucha más riqueza, y mucha más técnica, que en la década de los 60. Una vez tuve la ocasión de intervenir en un proceso público que se hace en la Asamblea Nacional, donde se trataba de la problemática de la tierra. Y entonces, algunos de los senadores y diputados más conservadores, incluso varios de ellos muy católicos y practicantes, me dijeron: Monseñor, usted está en contra de la propiedad privada. Les dije: no, si usted tiene una camisa y todo el mundo puede tener una camisa, estoy a favor de la propiedad privada de cada camisa. Ahora, si usted tiene 50 camisas y las demás personas no tienen ninguna camisa, entonces la propiedad privada es privadora.»

– El fundamentalismo del mercado

«El propio secretario del FMI dijo: antes era el fundamentalismo del Estado; ahora es el fundamentalismo del mercado. Y Samuelson, el Premio Nobel de Economía, decía: el neoliberalismo es muy eficaz, pero no tiene ni cabeza ni corazón. Es eficaz ¿para quién? ¿Quién tiene libertad de mercado? El que puede.»

– El neoliberalismo mata la vida de la mayoría

«Yo digo siempre que el neoliberalismo, además de ser policía porque mata la vida de la mayoría, la deja sin condiciones de vida humana. Además de ser homicida, es suicida, porque no es posible que el futuro de la humanidad sea eso. Nosotros que creemos en el Dios de la vida y creemos que la humanidad es hija de Dios, y que tiene genética divina, no podemos permitir que la destrucción sea el destino de la humanidad. El Reino es el destino de la humanidad.

 El neoliberalismo, además de homicida y suicida, es ecocida: el lucro por el lucro, la técnica por la técnica, la explotación de los recursos lo más aprisa posible para acumular, para cumular intereses, capital, que es ahora capital virtual, invisible, ecocida».

– Es pecado mortal cobrar y pagar la deuda externa

«Hay ilación entre la deuda externa y las deudas sociales. Si se paga la deuda externa, no se pagan las deudas sociales. Si se pagan las deudas sociales, no se paga la deuda externa. Creo que la deuda externa no se debe pagar. Es pecado mortal cobrarla y es pecado mortal pagarla. La deuda externa es la deuda de la muerte , además de que no les cuesta. Además, ¿de qué es la deuda?, ¿quién debe a quién? Que nos devuelvan el oro, la plata, que nos devuelvan la vida de los indígenas, de los esclavos negros, que nos devuelvan la vida de tantos niños y niñas, la mortalidad infantil, tanta salud, tanta educación prohibida, que nos devuelvan la floresta. No es utopía, no es historia, es realidad. No la hicimos nosotros, nos la hicieron, la hicieron con mucho que se aprovecharon, lacayos de los sucesivos imperios».

– Neocolonialismo etnocentrista

«Los pueblos indígenas tienen sobre sí la sentencia de muerte más inmediata, la muerte más lógica a partir del sistema. Estorban. Sus tierras son cebo de la codicia de los grandes. América, en sus diversas naciones, en su entresijo continental, debe reaprender los valores básicos de las culturas indígenas, la ecología espontánea, la comunitariedad, la perenne vivencia religioso-cultural, el antilucro y el anticomunismo del indígena todavía libre. Es para mí como un dogma de fe: o el indio se salva continentalmente o no se salva. Es uno el sistema que nos tiene sometidos a todos. El blanco siempre ha hablado mucho de Dios, pero no ha respetado la voluntad del Dios verdadero, aquel Dios que es el padre de todas las personas y el Señor único de todos los pueblos, el Dios de la Vida y el Dios de la muerte. Jesucristo no vino al mundo para que los indios dejasen de ser indios. Él no es un colonizador blanco. Él es el Liberador. El indio cristiano que piensa en dejar de ser indio no puede ser un buen cristiano. Quien niega a su pueblo, niega a Dios, creador de todos los pueblos:

«Dios, pobre y masacrado, grita al Dios de la vida desde esta colectiva cruz alzada contra el sol del imperio y sus tinieblas, ante el velo del templo estremecido».

«He acabado de entender, y hasta de sentir toda la ganga de racista superioridad, de dominio endiosado y de inhumana explotación con que se han descubierto, colonizado y, muchas veces, evangelizado los nuevos mundos. «Colonizar» y «civilizar» ya han dejado de ser para mí verbos humanos. Como no lo son, donde vivo y peno, las nuevas fórmulas colonizadoras de «pacificar» e «integrar» a los indios. Imperialismo, Colonialismo y Capitalismo merecen, en mi «credo» el mismo anatema».

– Otro modo neoliberal de asesinar

«Hay otro modo, más moderno, plenamente neoliberal, de asesinar o hacer desaparecer. Por exclusión programada, por hambre mortal. De 30 a 40 millones de seres humanos mueren anualmente por desnutrición. El 60 % de la población mundial pasa hambre. 200 millones de latinoamericanos han caído en el empobrecimiento total. Nuestra deuda externa latinoamericana es de 430 billones de dólares.»

«La excusa del anticomunismo que (en su tiempo) Reagan y otros como él acostumbran a dar, no justifica de ningún modo la agresión, ni el imperialismo permanente que sojuzga a Centroamérica, ni el colonialismo secular o la miseria establecida oficialmente o la injusticia institucionalizada que mantienen sobre esos Pueblos «menores» el imperio –un día español, otro día inglés, ahora norteamericano– y la oligarquía local siempre lacaya. No se vende el comunismo, tan supuestamente perverso, con otras perversidades.»

La causa es el neoliberalismo

No hay acción posible a favor de la justicia, ni acción veraz evangelizadora si, previamente, no se tiene claro el origen de donde dimanan las injusticias y al que hay que aplicar certeros remedios. Un idealismo secular, filosófico o religioso, nos ha hecho demasiadas veces pasar de largo, frente a graves y evitables males de la humanidad.

 No se puede implantar una política emancipadora si no es a base de tener a la vista (análisis) las causas y nombres (unos y otros se entrecruzan en el sostén de las estructuras) generadoras de la desigualdad, la injusticia y el empobrecimiento de personas, sectores y pueblos.

Igualmente no hay anuncio de la Buena Nueva si ésta no pasa por la mediación (momento primero de toda teología) de las ciencias que descubren las dimensiones y mecanismos de las situaciones que albergan tal o cual opresión o discriminación. ¿De qué se va a liberar si no se tienen conciencia de que existe opresión y de las causas que la generan? Sólo una ignorancia cándida o consentida, acompañada de una complicidad más interesada que pasiva, puede explicar tanta Evangelización de hoy, insulsa y estéril.

Casaldáliga llama a las cosas por su nombre, las que sean, y en el lugar que sea.

– El liberalismo es, por esencia, pecado

«El imperialismo es pecado, porque es desviación, porque es negación de los pueblos. Así como cada persona es una imagen individual de Dios, también cada pueblo y cada cultura es una imagen colectiva de Dios. Como personas, como pueblos, como Iglesia tenemos el deber , no sólo el derecho, de defender las culturas, la alteridad cultural, la identidad cultural».

– La gran blasfemia de nuestros días, la macroidolatría del mercado total

 «La blasfemia de nuestros días, la herejía suprema, que acaba siendo siempre idolatría, la macroidolatría del mercado total. Esta es la gran blasfemia de nuestros días, la herejía suprema, la gran idolatría consciente o inconsciente. Por esencia, el neoliberalismo excluye la inmensa mayoría de la humanidad. Este es el pecado del mundo, y puede ser el pecado de la Iglesia».

– El antidios es el dinero

«El capitalismo colonialista crea necesariamente dependencia y divide al mundo.El capitalismo es la culebra aquella primera, siempre astuta. Jesús dijo abiertamente que el antidios es el dinero. Esto no es de ningún marxista, ni de ningún teólogo de la liberación. Esto es del Señor Jesús: hijo de Dios y de María de Nazaret. Realmente, el dinero es el pecado, el diablo, la muerte. El precapitalismo, el capitalismo y el neocapitalismo ahora van a utilizar las estructuras de Gobierno que le interesen. Es un camaleón que sabe adaptarse muy bien a las diferentes circunstancias. Hemos acabado con las dictaduras militares e incluso con los imperios. Ahora estamos en el mercado, en el neoliberalismo, en la democracia. El especialista Chomsky afirma que el mundo está estructurado en dos: una minoría , que son un 15 % y que son los que tienen derecho a vivir bien y el resto. Es indudable que el tercer Mundo está en el resto».

– El capitalismo es intrínsecamente perverso

«Creo que el capitalismo es intrínsecamente malo: porque es el egoísmo socialmente institucionalizado, la idolatría pública del lucro, el reconocimiento oficial de la explotación del hombre por el hombre, la esclavitud de los muchos al yugo del interés y la prosperidad de los pocos. Una cosa he entendido claramente con la vida: las derechas son reaccionarias por naturaleza, fanáticamente inmovilistas cuando se trata de salvaguardar el propio tajo, solidariamente interesadas en aquel Orden que es el bien… de la minoría de siempre».

«Conocemos las causas y los mecanismos. Hoy, sin contrincantes, el capitalismo neoliberal, que determina la exclusión de la inmensa mayoría y el privilegio de una minoría insensible. El Banco Mundial, el FMI y el GATT rigen omnipotentemente los procesos económicos y exigen que los Estados les presten cuentas. Y, ¿a quién prestan cuentan el FMI, el Banco Mundial y el Gatt?»

PAUTAS OPERATIVAS

No basta con ver y juzgar, hay que actuar. Y hoy, cualquiera que pretenda presumir de credibilidad, debe acreditarse con sus hechos, no con las palabras. Por eso ante los dirigentes, políticos o no, cunde tanto escepticismo.

Si por algo resulta cautivante el lenguaje de Pedro es , porque, tras él, hay toda una vida digna, coherente, libre, insobornable. A él le han tentado, desde circunstancias muy variadas, la vanidad del poder, el miedo, la persecución. «Yo moriré de pie, como los árboles / Me matarán de pie», ha escrito.

El Evangelio es fuego que quema nuestra tranquilidad

«No podíamos ver todo eso con los brazos cruzados. Quien cree en Dios debe creer en la dignidad del hombre. Quien ama al Padre debe servir a los hermanos. El Evangelio es un fuego que le quema a uno la tranquilidad. No se puede ser cristiano y soportar la injusticia con la boca callada. Jesús dice en el Evangelio que Él nos juzgará el último día por lo que hayamos hecho con nuestros hermanos más pobres y pequeños.

Es preciso gritar, actuar. Incluso con riesgo personal.

Necesitamos más motivación, más mística: o sea, una mayor profundización de nuestra fe, más claras las ideas cristianas, un conocimiento mejor de la Biblia y de la Teología; también una buena visión política y económica. Necesitamos más oración. Una pasión mayor por el Reino. Una verdadera amistad con el Señor Jesús. Y mucha unión entre nosotros, hermanos.

Si eso falta, los problemas de la propia Iglesia y las dificultades de la vida nos desesperarán y acabaremos echándolo todo por la borda; huiremos de la lucha; nos acomodaremos, como tantos «al suave» primero, y a lo “yo-no-quiero-saber-nada-de-nada”, después.»

YO ME ATENGO A LO DICHO

Yo me atengo a lo dicho:

La justicia,

a pesar de la ley y la costumbre,

a pesar del dinero y la limosna.

La humildad,

Para ser yo, verdadero.

La libertad,

para ser hombre.

Y la pobreza,

para ser libre.

La fe, cristiana,

para andar de noche,

y, sobre todo, para andar de día.

Y, en todo caso, hermanos,

yo me atengo a lo dicho:

¡la Esperanza!

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