Nº 10: Editorial: Esperanza y resistencia social

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La apatía, el cansancio, la desilusión o la simple espera no salvan. Ha llegado la hora de darnos cuenta de que tenemos que reaccionar con coraje, porque vamos cabalgando en una huida hacia adelante a la que nos han aupado algunos irresponsables; porque estamos propiciando una utopía enraizada en el clamor de los olvidados y oprimidos; porque necesitamos recuperar de nuevo la esperanza, para que no nos hagan daño los despropósitos ni al cuerpo ni al alma.

En este año 94, este es el objetivo que se ha propuesto UTOPÍA: rechazar el desencanto y recuperar la utopía, que, al fin y al cabo, es recuperar la esperanza activa. Tener esperanza no es esperar a que alguien nos traiga la solución de los problemas y dificultades, a que alguien nos anuncie que tiene la solución sin que nos pida nada a cambio: ni colaboración ni renuncia.

Nuestra esperanza recuperada debe ser, por un lado, motor, impulso y reactivo para que las comunidades cristianas empiecen de nuevo a andar con Cristo, recorriendo los caminos y anunciando la inminente llegada del reino de Dios; y, por otro, nuestra esperanza debe ser resistencia a quienes simulan trabajar por el bien social, pero solo buscan su provecho, llevando, a cotas jamás conocidas en este país, la corrupción y la venalidad; resistencia a quienes elaboran una reforma laboral con puestos de trabajo con salarios de hambre, que ha propiciado en España una huelga general pacífica y que los jóvenes franceses, violentamente, han hecho que sea suspendida; resistencia, como la que ha protagonizado SOS Racismo, contra quienes han elaborado una Ley de Extranjería que, en lugar de prestar amparo y refugio, impide la solidaridad, la hospitalidad y la tolerancia del actual derecho de asilo; resistencia como la de los 120.000 objetores de conciencia, jóvenes que se niegan a aprender a matar y que son vejados en las cárceles, según un testimonio que publicamos en este mismo número de UTOPÍA; resistencia, negándonos a aportar la parte correspondiente a Defensa de nuestro IRPF, contra quienes arman un ejército en misión de paz para luego mandar más y nuevos efectivos por si la OTAN se decidiera a atacar a los serbios; resistencia como la del pueblo de Chiapas al Estado y Gobierno de México, contra los que se llaman a sí mismos revolucionarios (PRI), pero en realidad son la más vulgar burguesía explotadora; resistencia como la de los obreros de Suzuki-Santana, Guillet, Ebro-Kubota y tantas otras, contra los que han desmontado nuestro entramado industrial, echándonos en manos de las multinacionales, que, después de esquilmarnos, se marchan en busca de nuevas presas; resistencia como la de los defensores del 0,7%, frente a quienes minimizan la ayuda al Tercer Mundo, mientras se derrochan en fastuosidades cantidades ingentes y se sustraen al Estado miles de millones por mano de los corruptos.

UTOPÍA nos ha pedido, al principio de este editorial, que reaccionemos con coraje ante una crisis como la presente. Pero no han de ser solo las resistencias cuyos ejemplos hemos aportado con manifestaciones multitudinarias las que tienen que hacernos recuperar nuestra esperanza, sino que tenemos que acercarnos a los lugares de reunión para dialogar y asumir responsabilidades, comprometiéndonos a no ahorrar esfuerzo para realizar la parte que nos corresponda como cristianos de base.

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