Rufino Velasco
Así de tajante era Jesús cuando trataba por una parte de los bienes materiales, y por otra de lo que Él más estimaba en la vida: la realización del Reino de Dios sobre la Tierra. No es posible servir al dios-dinero sin dejar de servir al Dios verdadero. «Ningún criado puede estar al servicio de dos amos, porque o aborrecerá a uno y querrá al otro, o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero» (Lc 16,13).
La acumulación del dinero
Hasta dónde llega la confianza que el hombre puede poner en el dinero será siempre una cosa muy compleja y muy difícil de precisar. Por eso el Evangelio nos lo da a conocer a propósito precisamente de un «joven rico» (Mc 10,17-27) que le pregunta a Jesús «qué tiene que hacer para heredar la vida eterna».
Mirándolo bien, esta pregunta está mal planteada, pues la cuestión que más preocupa al hombre, que es la vida definitiva, va por otros caminos, según el Evangelio, muy distintos de los que el hombre se imagina. Por eso, cuando Jesús «se le quedó mirando, y con gran cariño le dijo: una cosa te falta, vete a vender lo que tienes, y dáselo a los pobres, porque entonces Dios será tu riqueza, y luego ven y sígueme», sucede que el joven rico «frunció el ceño, y se marchó entristecido, pues tenía muchas posesiones».
Así que es normal que este hombre se inquietara por poseer la vida eterna, porque es precisamente cómo había llegado a tener grandes posesiones la causa que le había provocado buscar otra cosa distinta para desahogar sus más profundos deseos. Sólo que la propuesta de Jesús le llegó en un mal momento, pues no estaba preparado para dejar las muchas posesiones que había acumulado en aquel instante.
Pues esto es lo que sucede en nuestro mundo, por las inmensas riquezas acumuladas en los grandes poseedores del capital en nuestros días.
No sólo es que haya grandes ricos que han negociado con el dinero en este mundo. Es que hay en nuestro planeta «países ricos» por una parte, que viven de la explotación de los que hemos llamado «países pobres» por el lado contrario. De este conflicto está viviendo nuestro mundo, que ha reservado la acumulación de la riqueza a los países ricos del Norte, y ha llevado la acumulación de la pobreza a los países pobres del Sur.
Por eso, Jesús vuelve a insistir en la dificultad de los que tienen mucho dinero para poder entrar en lo que él pretende hacer con sus discípulos. «Mirando él alrededor», que es como decir echando un vistazo sobre lo que pasaba dentro de su pueblo, les dijo a quienes le seguían: «¡Con qué dificultad van a entrar en el Reino de Dios los que tienen el dinero!» Los que acumulan el dinero, y se meten en ese orden de cosas que es negociar con el dinero, se les vuelve prácticamente imposible luchar por lo que Jesús ve como lo más importante de todo: optar por las víctimas del sistema, donde «sistema» quiere decir toda la urdimbre que ha montado el capitalismo en nuestro mundo, en que los grandes empresarios, a través de las multinacionales, dominan el control de nuestro mundo, sin importarles lo más mínimo lo que pasa con los pobres y excluidos de la tierra. Con esa imaginación típica de Jesús, les dijo a sus discípulos: «Más fácil es que pase un camello por el ojo de una aguja que no que entre un rico en el Reino de Dios».
Este es, sin duda, el gran escándalo que recorre la historia humana en esta su postrera evolución: ha estallado el conflicto entre el Norte y el Sur, por el cual los países ricos del Norte se han apoderado de los países pobres del Sur, y en esta lucha los países pobres del Sur son los echados fuera, los excluidos de los países del Norte. Y esto sin excluir a los empobrecidos en estos países, que es lo que nos debe doler más de cerca a los que vivimos en ellos.
Pero vosotros ¡Todo lo contrario!
El Evangelio de Jesús es, sin duda, la gran fuerza subversiva que está llamada a hacer saltar esos poderes de este mundo que están convirtiendo nuestra tierra en lo contrario de lo que Dios quiere desde el principio: erradicar la pobreza y la miseria de este mundo a través de quienes optan por los pobres y luchan contra los ricos y poderosos que utilizan todos los medios para aniquilar a los pueblos que forman parte de los países del Sur.
¿De dónde surgirán esos hombres capaces de oponerse a los ricos y prepotentes de este mundo que están invadiendo la tierra?
Después de haber insistido Jesús a sus discípulos en lo difícil que es para un rico entrar en el Reino de Dios, éstos, totalmente desorientados, le replican: «Entonces, ¿quién podrá subsistir?» Sin dinero nadie puede desenvolverse en la vida. En aquel momento, «Jesús se les quedó mirando, y les dijo: «Humanamente imposible, pero no para Dios, porque para Dios todo es posible».
De Dios va a venir ese tipo de hombres que se van a oponer a ese gran escándalo que han montado los ricos y los poderosos de la tierra. Humanamente no es posible que surjan, pero de la mano de Dios se hace posible lo imposible. En Jesús de Nazaret vamos a asistir al nacimiento de esta nueva especie de hombres que se debatirán con los grandes potentados de este mundo.
a)Las bienaventuranzas parecen ser según algunos escrituristas el programa de Jesús para su grupo de discípulos, y en la primera de ellas se dice lo siguiente: «Dichosos los que eligen ser pobres, porque ésos tienen a Dios por Rey» (Mt 5,3).
Para ser del grupo de Jesús hay que elegir ser pobre, reducirse por propia voluntad a ser pobre, que es como decir a ser «mendigo» que es la palabra griega que usa el Nuevo Testamento. Hay que reducirse a la condición de mendigo para ser del grupo de Jesús, como la condición mejor para enrolarse en la lucha a que Jesús va a llamar a los pobres de su pueblo para liberarlos de la opresión y del sometimiento a que están reducidos por los poderosos. Sólo los discípulos de Jesús serán dichosos entonces, «porque ésos tendrán a Dios por rey». No hay manera de pertenecer al grupo de discípulos de Jesús sin comprender que «Dios será tu riqueza» (Mc 10,21), por lo que han sido capaces de renunciar al dinero, ese poderoso ídolo de nuestro mundo que se enfrenta con el verdadero Dios en que introduce Jesús.
- b) Así comenzó a funcionar la Iglesia como seguidora de Jesus, pero luego se perdió por mil derroteros en que se introdujo en ella el poder del dinero para hacer posible en la Iglesia lo que debería haber sido imposible. No sólo es ya que se introdujeran cantidad de ricos en la Iglesia, sino que ella misma se convirtió en rica y poderosa en cosas profundamente discrepantes del Evangelio de Jesús. Hubiera sido mucho más sencillo recordar lo que decía Jesús: «No podréis servir a Dios y al dinero», porque aquí se jugaba una pieza fundamental del evangelio de Jesús.
Pero en la Iglesia ha habido siempre hombres y mujeres fieles a esta perspectiva de Jesús, y nosotros, gracias a las cosas que han sucedido en el mundo y en la Iglesia en nuestro tiempo, hemos llegado a darnos cuenta de que estamos ante la gran alternativa que Jesús proclamó y realizó en medio de su pueblo.
c)¿Qué podemos hacer nosotros ante esta gran tragedia que se ha montado en nuestro mundo entre los ricos y poderosos de la tierra y los pobres y excluidos que habitan en los países del Sur, y, más sorprendentemente todavía, en los países ricos del Norte donde vagabundean los pobres que son privados del banquete de los ricos?
Está claro que nosotros, como seguidores de Jesús, no podemos servir a Dios y al dinero. Si algo quiere decir que somos «cristianos de base» es que hemos optado por los pobres y necesitados de la tierra, en contra del dinero y de los grandes beneficios del dinero en nuestro mundo.
Tenemos que sumergirnos en nuestra experiencia de fe que nos viene desde el principio, por lo que entramos en comunión con las experiencias fundantes de que nació la Iglesia y de que re-nace siempre por obra del Espíritu. La Iglesia, como sabemos, nació en forma de comunidades locales, o de pequeñas comunidades que irrumpieron por diversos lugares en el mundo conocido de entonces, y en ellas se transmitió el mensaje de Jesús que privilegiaba a los pobres y estaba en contra de los ricos y los poderosos de aquel tiempo.
Es completamente falso que la Iglesia tenga que resignarse a ser siempre de la misma manera, sin que pueda esperarse ninguna novedad en su pensamiento y en su comportamiento.
Hay mucha verdad cristiana y muchas experiencias cristianas todavía por estrenar que darán lugar a una forma de Iglesia en gran medida irreconocible para formas del pasado y del presente eclesial. La Iglesia de Base será siempre un lugar privilegiado de innovación histórica y de brecha siempre abierta por donde irrumpa incesantemente la creatividad de nuestra fe.

