Reflexión. Los cuidados: Políticas públicas con orientación a los cuidados.

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Los cuidados: Políticas públicas con orientación a los cuidados.

Mª Teresa Ayllón Trujillo.

Se aborda la construcción de los cuidados como estrategia social, indicando las líneas estratégicas y sus ejes transversales que permitirían al Estado fortalecerse y llevar a cabo políticas públicas coherentes. La situación de urgencia no permite superficialidades. De lo contrario, la sociedad de los cuidados se queda en un discurso hueco. Otro de tantos.

La sociedad más deseable es aquella que produce sensación de seguridad, confianza, porque permite a sus miembros crear, inventar, ilusionar. No hace falta ponerle “ismos”. Las familias sabemos que para que nuestros vástagos puedan crecer saludablemente y desarrollen sus capacidades intelectuales, artesanas y artísticas, que trabajen con alegría, que creen relaciones amigables, han de crecer sintiéndose queridos, sintiendo el respaldo familiar. Una sociedad sana y competente necesita exactamente lo mismo, pues, al cabo, una sociedad es un aglomerado coherente de familias. La ONU, en 2003, avisaba que sorpresivamente la familia, el hecho familia, no estaba estudiado. Mientras el Censo recoge los datos por unidades familiares y los presupuestos del Estado se trazan sobre las familias –sistema sanitario, precio de la canasta básica, sistema educativo,…- la familia no estaba conceptualizada. Lo que llamamos familia es algo diferente en cada mentalidad y cada cultura.

Construcción de una red en la edad adulta.

Los cuidados mutuos, el apoyo mutuo, definen la familia y eso sí es una noción universal: si un miembro no socorre al resto, no es familia, queda expulsado de facto. No es la sangre sino la implicación en los cuidados la que teje la madeja inolvidable que tiende a reproducirse en nuestros recuerdos y en la red que en edad adulta construyamos.

El Estado moderno y democrático no puede saberlo e ignorarlo a la vez, pues creció a expensas de la autoridad local –municipal y del paterfamilias- y se financia impositivamente sobre el excedente que las familias guardaban para su seguridad en tiempos de carencias: el Estado guarda y administra, reparte ese ahorro para garantizar el bienestar básico de la sociedad y prevenir tiempos o situaciones catastróficas. Además, es árbitro, juez y ejecutor para que las bandas de criminales avaros no se lancen sobre las gentes honestas y desarmadas, es decir, vulnerables.

Un programa que responde a la voluntad popular.

El Estado no puede ser “neutral” sino previsor y estabilizador, y esa es su forma comprometida de cuidar, que complementa la labor de base de la ciudadanía, la labor de las familias –todos los modelos incluidos-, lo cual lleva a cabo mediante un Programa de Gobierno que ha votado la ciudadanía. En ese programa destacan las partidas de salud, educación, comunicación, defensa y cuidado de los grupos más vulnerables: los servicios sociales.

Los servicios sociales incluyen desde el sistema de salud hasta el cuidado de las fronteras, pasando por la limpieza, la investigación básica y tecnológica o la policía, la escuela y los jueces. Para toda la plantilla de profesionales que ocupan puestos en las diferentes instituciones, hay un mandato principal: que su trabajo sirva para cuidar de la sociedad, que no quede peor que cuando arribó a su puesto. Resumiendo: un Estado es fuerte cuando logra garantizar el bienestar del común, cumpliendo los derechos cívicos. Derechos positivados en la Constitución y derivados en toda la legislación en los distintos niveles de gobierno: nacional, autonómico, municipal y en los reglamentos de toda institución y en las políticas públicas que salen de ellas.

Este preámbulo era indispensable para llamar la atención sobre lo siguiente: los cuidados como estrategia de Estado no pueden ser ambiguos ni recargarse en la vida privada del país. El Gobierno, representante temporal de un Estado de Derecho, está obligado a señalar las líneas directrices de su política y a realizar políticas públicas en consonancia.

Línea de emergencia ante el cambio climático.

Urge atajar los grandes males que amenazan a la población, las políticas públicas han de poner límites efectivos a las prácticas económicas y sociales que intensifican la contaminación y por tanto alteran el  clima.

Línea del cuidado a la salud integral.

En estas competencias del Estado confluyen demandas muy distintas y algunas colisionan con las estrategias autonómicas de gobiernos  neoliberales. En situación de emergencia se requiere reforzar el sistema público de salud y marcar exigencias a la iniciativa privada, remodelar un sistema eficaz de prevención que incluye las limpiezas con criterios de higiene y profilaxis, generar una tensión auto-responsable en los cuidados personales en general y de la población más vulnerable en particular. Desarrollar la atención en puericultura y en geriatría en los niveles domiciliarios, ambulatorios, hospitalarios y residenciales. Invertir en investigación médica, quirúrgica –tecnologías- y farmacológica –depender menos del mercado farmacéutico- y todo ello realizado desde las políticas públicas pues el Estado es el responsable de cuidar la salud de la sociedad, no puede derivar esa obligación a los otros agentes económicos, a la iniciativa privada.

Línea de recomposición del tejido social.

Asentar un buen sistema público de educación que no deje fuera a nadie y que adecue los programas desde preescolar a la nueva situación de emergencia social y sus prioridades, acabando con la competencia desleal en la educación privada: entre privada subvencionada y privada no subvencionada. Cumplir el mandato del derecho a la vivienda, frenando el mercado especulativo inmobiliario.

Closeup shot of two unidentifiable people holding hands in comfort

Viabilidad de estas líneas de actuación.

Para hacer viables esas líneas del cuidado a la población hay pasos específicos que son trasversales y coherentes entre sí: disminuir las desigualdades y frenar la voracidad de los agentes más poderosos –grupos de poder- que han llegado a imponerse por encima y por delante de los derechos expresados en la Constitución. Indudablemente, no es tarea fácil para un gobierno con voluntad de gobernar como árbitro, juez y ejecutor. La población, la ciudadanía, debe saberlo pero también debe poder creer -¡conocer y creer!-  que se está avanzando en la correcta dirección. Para ello, también de manera transversal, se requiere implicar participativamente a la población.

Hacer una tarea más fácil es hacerlo al estilo dejación de funciones: dejando hacer a los grupos de poder, a los casi-monopolios que obstaculizan toda forma de gobierno responsable con la crisis ecológica –multidimensional- y que duplicaron sus beneficios durante la pandemia -ahora quintuplican por la Guerra de Ucrania-. Nos cuidamos con realismo responsable o … solo nos quedarán los cuidados paliativos.

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